martes, 22 de junio de 2010

GOBIERNO DE UNIDAD POPULAR


Evidentemente la Unidad Popular no fue sólo resultado de un acuerdo político que permitió la unidad de la Izquierda y que llevó a Salvador Allende a la presidencia el 4 de septiembre de 1970. Tampoco el fin de la Unidad Popular puede ser visto sólo como el quiebre de nuestro sistema democrático resultado de la polarización social y política y de los callejones sin salida del sistema político chileno. Ambos hechos son importantes, pero cada uno de ellos completamente insuficiente para explicar tanto el origen como el fin de la UTP.Esto no quiere decir, sin embargo, que el pueblo no desarrollara “acciones colectivas” que lo fueran constituyendo en “sujeto colectivo”. Por ejemplo, como ha demostrado el historiador Gabriel Salazar, importantes segmentos del pueblo emigraron del campo a la ciudad en la segunda mitad del siglo XIX: los peones necesitaron “echarse al camino” para “probar suerte”, buscando dejar atrás la tradicional estructura agraria que les impidía desarrollarse como campesinos. En este proceso de “descampesinización”, unos devinieron en pirquineros, otros en artesanos, otros en comerciantes ambulantes y otros en vagabundos o bandoleros. Un rico y dinámico proceso identitario se puso en movimiento y la élite fue evolucionando del “miedo al indio”, propio de la primera etapa colonial, al “miedo a los pobres”, que ya se había hecho manifiesto a mediados del siglo XVIII, cuando se crearon los primeros cuerpos de policía en la ciudad de Santiago (en realidad, los llamados problemas de “seguridad ciudadana” no son tan nuevos como se pretende).

Este último aspecto, el papel de los partidos políticos, no es nada menor y tendrá variados efectos sobre los propios movimientos de base. Si producir cambios implica afectar el sistema institucional, entonces los partidos adquieren un papel central, lo que plantea a los movimientos también una tensa relación de colaboración, autonomía y dependencia. Los partidos, por su parte, habiendo aceptado el juego político democrático, sobre todo los de la Izquierda política, buscarán ejercer su papel de representantes de los movimientos, aunque en rigor habida cuenta del marxismo dominante, de representantes de la clase. En este contexto, la articulación de una alianza política, como la Unidad Popular, resulta fundamental para poner en marcha un proceso de cambios de tipo estructural, más radical y consecuente que lo que había sido el Frente Popular en los años cuarenta.

LA REVOLUCION “DESDE ABAJO” O EL INCREMENTO DE LAS LUCHAS POPULARES DURANTE EL GOBIERNO DE LA UNIDAD POPULAR

http://En la tensión, por decirlo así, constitutiva del movimiento popular con su autonomía relativa del Estado, la UP representó un momento en que se incrementaron todas las luchas populares, las más históricas y las más nuevas, multiplicándose los sujetos y los actores del cambio. Ya en los sesenta la DC había proclamado que “todo Chile tiene que cambiar” y la estrategia de cambio “desde arriba” había mostrado sus límites hacia fines del gobierno de Frei: éste se veía sobrepasado por las demandas y las movilizaciones populares. Nunca el pueblo de modo tan masivo como en la UP comenzó a hacerse protagonista de su propio destino, pero también nunca como en la UP la actividad del pueblo fue percibida como una amenaza tan radical por los grupos sociales tradicionales, cuando los viejos miedos se multiplicaron y fueron eficientemente exacerbados por la prensa de la derecha La división de la Izquierda, por su parte, era expresiva de los viejos problemas estratégicos no resueltos por el propio movimiento popular, entre otros el de su propia autonomía frente al Estado, de tal suerte que el golpe lo sorprende sin las orientaciones capaces de enfrentar la emergencia que se le venía encima.


La percepción de un camino a esas alturas sin salida quedó claramente expresada en un carta que enviará al presidente Allende la Coordinadora de Cordones Industriales de Santiago, el 5 de septiembre de 1973:Y llámese fascismo o dictadura, este fue el destino que finalmente se impuso, haciéndose evidente no sólo el carácter débilmente democrático del sistema político e institucional chileno, sino que también el carácter aún precario y germinal de una alternativa madurada y sostenida desde el movimiento popular. En este contexto, cuando colapsaron los partidos, como representantes o conducción política, colapsó también el movimiento popular

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